LA TRATA

LA TRATA
Drama
Gerardo salía del aeropuerto cuando fue interceptado por un hombre vestido con traje negro:
-¿Gerardo Molinari?
-Si- respondió sorprendido.
-¿Puede venir con nosotros?, nuestro patrón desea hablar con Usted, seguramente para contratarlo.
Gerardo no era hombre de sorprenderse, pero en ésta oportunidad lo habían logrado. El acababa de regresar de un país europeo, en donde se había especializado en la custodia de personas, alcanzando el más alto nivel de entrenamiento.
-Se que seguramente ustedes no saben nada, ¿pero como me conocen, y como sabían que hoy regresaba a la argentina?
-Estás en lo cierto, no sabemos nada, pero puedes tutearnos, es muy posible que el patrón te contrate, nunca hace nada sin tener todo previsto.
Gerardo se acomodó en el asiento del automóvil, y no volvió a hablar en el resto del viaje, tiempo que aprovechó para mirar la ciudad de Buenos Aires por la ventanilla, y tratar de ubicar hacia donde lo llevaban. Luego de algunas vueltas, llegaron hasta una enorme mansión, rodeada de muros, cámaras de vigilancia y mucho personal armado. Esperó en el vehículo hasta que lo invitaron a ingresar a la vivienda, en donde fue recibido por un hombre de cabello cano, elegantemente vestido, que lo invitó a sentarse mientras él hacía lo mismo.
-¿Seguramente está un poco intrigado de por qué está aquí?
-Así es- respondió escuetamente Gerardo.
-Tengo contactos en todo el mundo, y me recomendaron sus servicios, usted recién llega al país y seguramente no tiene trabajo aún.
-Es verdad, no tuve tiempo de salir a buscar.
-Bien, yo necesito a gente bien entrenada, que guarde silencio y no comente lo que vea, que sepa trabajar en equipo con el personal que custodia esta casa y a mi familia, el sueldo no es problema, el problema es la responsabilidad y la eficacia en el desarrollo de la tarea, por supuesto que hablo de su problema.
-Yo no tengo trabajo todavía, fui entrenado para lo que Usted necesita, y creo reunir las condiciones.
-Debo tomar su respuesta como un sí.
-Si señor, cuando empiezo.
-Ahora mismo, Esteban le mostrará el lugar de alojamiento, salvo que tenga familia u otro lugar para alojarse en Buenos Aires.
-Me viene muy bien, si tengo familia, pero en una provincia un poco lejos de aquí- Gerardo no creyó conveniente mencionar que el era de Villa Dolores, lugar en donde residía su familia.
-Perfecto, manos a la obra entonces, el Jefe de seguridad es Oscar, fue compañero suyo en Israel.
Al oír el nombre de Oscar, Gerardo se sintió mas tranquilo, al menos tendría un amigo, un apoyo desde el inicio, además, Oscar era un tipo confiable y muy bien entrenado.
Esteban lo llevó hasta un pequeño departamento, el cual contaba con todas las comodidades, hasta una heladera colmada de alimentos, un enorme televisor y una cama muy cómoda, en un rincón había un anafe y en la alacena lo indispensable para preparar un té o un café.
-El desayuno y las comidas se sirven a horario en el comedor, si no puede concurrir porque está trabajando, el mismo permanece abierto durante las veinticuatro horas, ahora le indico donde queda, el armamento que debe utilizar, al igual que el chaleco de Kevlar, están dentro del armario.
Así comenzó el trabajo de Gerardo, vigilando los posibles accesos a las viviendas, y acompañando al dueño, ya que le fue asignada su custodia, trabajo que realizaba junto con Oscar y que les ocupaba la mayor parte del día, pero a su vez les permitía hablar mientras esperaban a Don Coyo, como todos le llamaban. Oscar le fue enseñando las mañas, el trato y los cuidados que debía guardar para no tener problemas. Entre esos cuidados, el más importante, era el de no mirar a la hija, una niña de trece años, muy desarrollada, aparentaba mas edad de la que tenía y el padre la adoraba, también tenía dos hijos varones, pero la atención estaba centrada en su hija, Flavia era su nombre, quién tenía custodia especial de personal femenino. Gerardo en algunas oportunidades, acompañó al personal habitual de custodia de la niña, ésta nunca le dirigió la palabra, se la veía muy segura y acostumbrada al personal que su padre ponía a su disposición.
El sábado, fue llamado por Oscar para acompañar al patrón en su salida semanal. Tenía por costumbre reunirse con amigos y disfrutar hasta la madrugada en una casa en las afueras de la ciudad.
A pedido de Oscar, Gerardo se colocó el chaleco antibalas, la cartuchera sobaquera con la pistola 45, en la pantorrilla otra cartuchera con un revólver 38 de caño corto, y en la cintura, detrás de su cuerpo, el cuchillo que le fuera suministrado en algún país de Europa.
Salieron de la casa en el auto blindado, mientras los acompañaban otros dos vehículos con personal armado. Cuando el camino lo permitía, la velocidad con que se desplazaban superaba los ciento cincuenta kilómetros por hora. Pronto llegaron a un Country y se dirigieron a la más lejana de las viviendas. Una casa espectacular, que seguramente por la cantidad de ventanas, tendría más de quince habitaciones.
Estacionaron al frente, y un grupo de hombres salió a recibirnos, el Jefe abrió la puerta y dio la orden de no ingresar y distribuirnos como siempre (esto lo dijo mirando a Oscar), se bajó e ingresó rápidamente.
El auto quedó al lado de los muchos que ya se encontraban en el lugar, bajaron y comenzaron a caminar lentamente, dejando al chofer al cuidado del vehículo.
-Che Oscar, ¿que hacen allí dentro?
-Todo lo peor que puedas imaginar.
-No comprendo.
-Lo esencial de estas reuniones es el sexo con niñas de corta edad, me refiero a unos catorce o quince años, pero también hay una cena espectacular, mucha bebida y drogas, mucha droga.
-¿Y quienes vienen aquí?
-Aunque no lo creas, la mayoría de los asistentes son políticos, gobernadores, ministros, sindicalistas, en fin, personajes con algún poder, aunque también vienen algunos empresarios de alto nivel.
-No puedo creerlo ¿y de donde sacan las chicas?
-No he querido indagar demasiado sobre este tema, dicen que las contratan, aunque pienso que a algunas las secuestran, la mayoría son estudiantes, chicas normales que sus padres creen que están en un boliche con sus amigas, y son convencidas de pasar una noche de película, aquí encuentran de todo lo que pueden soñar, comida exótica, bebida sin límite, las drogas que quieran o se les ocurra, y sexo, mucho sexo, aunque nunca se enteren con quién se acostaron, les colocan una especie de antifaz que les cubre los ojos, para que no puedan ver con quienes están. En este momento las chicas están bailando y disfrutando con muchachos de su edad, que fueron contratados para divertirlas, ya tienen experiencia y saben lo que hacen, cuando las chicas están listas, llaman a un encargado que las acompaña hasta un dormitorio, en donde las desvisten y las esposan, luego les colocan el antifaz y llaman al que paga por ella.
-Que porquería hermano, no me imaginaba que podría realizar un trabajo como éste.
-Pará la mano, no te confundas, esto solo lo sabés vos porque yo te lo cuento, nosotros solo hacemos seguridad, no te confundas, no tenés nada que ver con lo que pasa adentro.
-Lo que ocurre es que siento asco, esto que me cuentas ocurre en todo el mundo, la mujer es considerada un objeto sexual.
-Querido mío, y eso es lo que son, objetos sexuales, y no me vengas a hablar de tu madre ni de tu hermana, ellas zafan porque te tienen a vos y a tu padre, pero fijáte que uno de los problemas que tiene Don Coyo, es que le gustan las vírgenes, pero ya no quedan chichas vírgenes, a los doce años ya tienen relaciones sexuales o en algunos casos siendo mas pequeñas, los tiempos cambiaron, la mujer tomó la calle y la delantera, y los padres las preparan, las visten y arreglan para que se vean sensuales, para que sean una buena oferta.
-Yo creo que no lo hacen con esa finalidad.
-Mirá yo no quiero discutir sobre este tema, solo opino de lo que veo, en todo caso de la irresponsabilidad de vestir a sus hijas con poca ropa, y permitirles salir y pasar la noche en lugares que ellos ignoran, en donde hacen lo que quieren o les hacen lo que quieren, y regresan a la casa cuando salió el sol, ¿que ocurrió mientras los padres dormían?, solo ellas lo saben.
-¿Cómo sabes que son niñas de corta edad?
-La verdad es que con los años, cuatro ya, El Patrón fue adquiriendo mayor confianza conmigo, es como si necesitara a alguien con quien conversar de ciertos temas. El tiene la costumbre, una vez que finaliza con la chica de turno, de sacarle el antifaz, previamente el oculta su rostro con otro elemento similar, y les toma fotos, varias fotografías desde muchos ángulos y luego de su rostro, no sé cual es la finalidad, pero luego me muestra cual estuvo esa noche con él.
-No entiendo como pueden proceder de este modo, el tiene una hija a la que adora, y por lo que me dices tiene la misma edad que las amantes de su padre.
-Claro, ¿pero vos imaginas que a Flavia le puede pasar algo?, no es al cien por ciento de los casos, pero si prestas atención a las noticias, la gran mayoría de las chicas raptadas o violadas, pertenecen a clase media, media baja o muy pobres, y no me estoy refiriendo solamente a bienes materiales, sus padres carecen de educación, no tienen la capacidad de evaluar riesgos, su hija les dice que va a bailar con unas amigas, reciben un “cuidáte” como despedida, y la vuelven a ver cuando despiertan a la mañana, no saben con quién ni por donde anduvieron, en cuanto a las clases mas altas, no hablemos de Don Coyo, pero de familias de cierto nivel, los padres se comunican, conocen a las amigas y en la mayoría de los casos las llevan o traen los padres de las fiestas.
-Si si, es verdad lo que dices, el otro día Jorge me contaba que en la puerta de un boliche cercano a su casa, las chicas tienen sexo oral con los chicos, para ganarse unos pesos y pagar la entrada o los tragos en el interior.
-Y es verdad, yo trabajé de custodio dentro de un boliche, y pude observar como consumen alcohol y drogas, y luego tienen sexo con más de un chico. Por eso cuando quedan embarazadas no saben quién es el padre del bebé.
-Carlos decime la verdad, ¿vos tenés ese concepto de la mujer?
-No quedáte tranquilo, yo también tengo hijas, y si algo les pasara me vuelvo loco.
-¿Y aquí nunca hubo ningún problema?, me refiero a sobredosis ¿o a algún exceso por parte de los hombres?
-Dicen que sí, en esos casos hacen desaparecer los cuerpos, hay un pozo cercano, en donde las tiran y luego les arrojan cal viva, en muy poco tiempo no queda nada del cuerpo.
A todo esto, Don Coyo ya había sido llamado a una habitación, adonde ingresó con sus ayudantes, dos mujeres que lo acompañaban en estas salidas clandestinas. Una verificó el estado de virginidad de la niña, la cual estaba desnuda, esposada a la cama, con los brazos y piernas abiertas y el antifaz colocado. Luego entre las dos lo ayudaron a desvestirse y una de ellas intentó colocarle el preservativo:
-No, esta vez no, quiero que tenga un hijo y que no surja ninguna duda de su paternidad- dijo apartando a la ayudante.
Se acercó luego a la cama, y se introdujo entre las piernas de la niña.
El tiempo fue pasando, y Don Coyo experimentó y disfrutó de lo aprendido en su vida. Al principio la niña no tenía consciencia de lo que estaba ocurriendo, pero luego comenzó a despabilarse y a sentir. Al final, como era su costumbre, se colocó el antifaz, tomó la cámara de fotos que una de sus ayudantes le alcanzó, y comenzó a tomar fotos del cuerpo primero, luego pidió a una de sus ayudantes que le quitara el antifaz, tomó una foto y saltó hacia atrás espantado, al momento que gritaba:
-¡Flavia! ¡Hija mía!
-¡Papá! ¿ sos vos?

TITO MUÑOZ

LA MUERTE NO EXISTE

Para pensar
Caminaba lentamente por Plaza Sarmiento, cuando desde una ambulancia que pasaba en ese momento, me hicieron señas para que me acercara.
-¿Puede subir señor?, Carlos desea hablar con Usted.
Subí a la ambulancia y lo vi, muy demacrado, con la bigotera de oxigeno colocada y en cómoda posición, semisentado.
-¿Que te pasó Milico?
-Qué suerte que te encontramos, ésta será la última vez que nos vemos, por la tarde me trasladan a Tandil, quiero morir en mi ciudad natal, pero antes quiero contarte algo, que yo creo que es el motivo que me mantiene con vida.
-¿Pero qué te ha ocurrido?
-Colapsó mi pulmón derecho y el otro no alcanza para mantenerme con vida, es cuestión de días nada más, pero a propósito del pulmón derecho, yo te conté que cuando estuve en Malvinas, me pegaron tres tiros por la espalda.
-Sí, claro que lo recuerdo.
-Los ingleses me lo parcharon muy bien, pero hace unos días dijo, hasta aquí llegué.
-¿Y sufrís mucho dolor?
-No por suerte, estoy con morfina, cuando me hirieron, tampoco sentí nada, vos sabés que cuando se produce una herida, de inmediato es comunicada al cerebro, pero cuando la información es mucha, como fue en mi caso, es como que se saturan las líneas de comunicación, y no llega esa información al cerebro, entonces no sentís nada. Y justamente de eso te quería hablar. Cuando me hieren en las Islas, avanzábamos en medio de la oscuridad hacia el Monte London, sabíamos que allí se refugiaban los ingleses, y planeábamos una emboscada, los atacaríamos por dos lados simultáneamente, pero la sorpresa se rompió cuando me dispararon. Caí al suelo violentamente, al tiempo que comencé a elevarme, vi mi cuerpo tirado en rara posición, al pelotón dándose a la fuga rápidamente, quise avisarles que el enemigo había reaccionado y avanzaban hacia ellos, pero no me escuchaban, en ese momento apareció mi hermano, le pregunté qué hacia allí y me dio un abrazo. Los ingleses descubrieron mi cuerpo, y uno de ellos me hizo girar con el pie. Hablaban en su idioma pero yo los entendía como si fuera castellano. Cuando me movieron un ronco quejido brotó de mis labios:
-Acá hay uno herido, y me parece que es un oficial- gritó el inglés.
De inmediato revisaron mi ropa, y cuando comprobaron que mi grado era el de Teniente Coronel, llamaron a los camilleros, me cargaron y llevaron hasta el otro lado del cerro, me subieron en un helicóptero y me llevaron hasta un barco. De a ratos podía ver todo lo que hacían desde arriba o al lado de ellos, nadie me prestaba la menor atención, se ocupaban de mi cuerpo solamente. Querían que recobrara la conciencia para interrogarme. Luego perdí el conocimiento por largo tiempo, cuando desperté, estaba internado en un hospital muy lindo, en Gran Bretaña, todos hablaban en inglés y yo no entendía nada, lo que me llamó profundamente la atención, porque antes si los comprendía. Una enfermera de habla española, me dijo que llevaba más de un año internado, que estaba en un hospital militar, y que me habían realizado varias operaciones, aunque ahora venía la que ella consideraba la más peligrosa. Pude ver gran parte de la operación desde distintos ángulos del quirófano, escuchar lo que hablaban, las dudas que en un momento tuvo el cirujano y cuantas personas, y quienes, participaron o estuvieron allí, todo esto lo comenté con la enfermera bilingüe, quien fue anotando todo lo que le contaba, luego ella lo tradujo y lo informó a sus superiores, vinieron a hablar conmigo, y tuvimos muchos meses de charlas, de preguntas que por suerte pude responde y razonar con ellos, y todo eso me llevó a trabar amistad con varios profesionales de la institución.
-O sea que vos viste el túnel o la luz como la definen algunos.
-Esto que me preguntas es muy importante, hace unos días que comencé a elevarme nuevamente, aparentemente tengo paros cardiorespiratorios, y a ingresar en esa hermosa dimensión, te digo que es hermosa, porque pude volver a ver a mis seres queridos, a abrazarlos y escucharlos, estoy llegando al final de mi existencia, y en cuanto a la luz o al túnel, eso se ve después, creo, es como una sucesión de etapas en las que te sientes maravillosamente bien. Seguramente alguna vez leíste que el universo mantiene su equilibrio basado en fuerzas electromagnéticas, esas fuerzas emiten una vibración, de ese modo se transmite su poder por todo el universo, ahora bien, en el primer tramo de tu ingreso a esa otra dimensión, te encuentras con tus seres queridos, y comienzas a armonizarte con otra dimensión, cuando comienzas a vibrar al mismo ritmo que el universo, aparece la famosa luz de la que algunos hablan, e inicias un viaje acercándote a ella, yo no ingresé, por eso estoy aquí, hubo algo que me hizo regresar, no puedo explicártelo porque no lo sé, es como si hubiera llegado hasta el umbral, se siente que al otro lado o adentro, hay seres o fuerzas muy poderosas, esas que a veces le damos el nombre de Dios, pero no son iguales a los que nos meten en la cabeza desde niño, o a los que conocemos a través de la lectura de los libros de distintas religiones, es como algo mas armonioso, más hermoso, más confortable, en una palabra te sientes como jamás hubieras imaginado.
-¿Sentiste en algún momento que tenías que rendir cuentas por las cosas que habías hecho mal en este mundo en el que vivimos?
-No, no hay nadie que te juzgue ni te reclame nada, al menos en donde yo estuve, solo sentí una paz que nunca había experimentado, una sensación de bienestar y felicidad sin límites, los seres a quienes quiero me acompañaban y los veía tan bien que no podía creerlo. Te acuerdas que te conté hace un rato que en Malvinas vi a mi hermano, pues bien, él había muerto hacia dos días, yo no lo sabía, pero tampoco razoné que de otro modo no podría verlo, no podría estar allí, claro, tampoco sabía que yo había dejado de existir en este mundo o en esta dimensión.
-¿Por qué esperaste hasta hoy para contarme todo esto?
-Sentí el otro día cuando viajé, así le llamo yo a mis vuelos, que debía informar, dar a conocer mi experiencia, la muerte no existe, debemos dejar de pensar y temer por todas las pelotudeces que nos enseñaron desde niño, en nuestras casas, las religiones etc., nada de eso es cierto, seguimos, no sé si decir viviendo sea lo correcto, pero sí continuamos teniendo la conciencia que hoy utilizamos, la misma memoria, es algo increíble, ahora no sé qué les ocurre a los que se quitan la vida, yo conocí a gente que murió violentamente y a seres que se fueron por causas naturales, o enfermedades, y que tuvieron cortas regresiones. Pero ¿Qué te pasa, por qué esa cara?
-No sé, estoy pensando, me decís que este tema lo trataste con gente a quien le pasó lo mismo, pero tampoco comprendo por qué precisamente a mí me cuentas esto.
-Vos no te imaginas la cantidad de gente que es resucitada en esos hospitales, yo no podía hablar directamente con los pacientes porque no conocía su idioma, pero cuando la enfermera me ayudaba o la gente de quien me fui haciendo amigo me traducía, pude darme cuenta de que es algo que nos ocurre y ocurrirá a todos, y en cuando a porqué te elegí a vos, en primer lugar porque te conozco y luego porque vos escribís y contás todo, es un modo de comunicar mi experiencia. Ahora te pregunto, hay anécdotas como la del Mazamorra o tu propia experiencia en el grupo Conintes, ¿por qué no las cuentas?
-Quizás algún día, ya veremos, todo está muy convulsionado, a la gente le mintieron demasiado y todos los días leo opiniones, de personas que consideraba inteligente, que me sorprenden, hacen gala de tanta ignorancia con total naturalidad, y critican y opinan sin tener un mínimo de conocimiento de lo que dicen, por eso te repito, no lo sé.
-Pero esto que yo te conté, mi experiencia, si lo vas a contar verdad.
-Seguramente, vos lo que querés es que se conozca tu experiencia.
-No solo eso, lo que yo quiero es que la gente sepa que la muerte no existe.
-Mirá Carlos, no es tan fácil lo que me pides, sobre lo que me contaste hay miles de publicaciones y estudios, y seguramente cada día habrá más, no creo que vos aportes nada nuevo, pero no se…
-¿Tenés miedo de arruinar tu reputación?
-No hablés pavadas, yo solo soy un tipo que escribe historias, cuentos, anécdotas, leyendas, y lo hago porque me gusta escribir, se que muchos me leen y a muchos les gustan mis historias, también soy consciente de que generan pensamientos diversos, los que escribimos transmitimos ideas, pensamientos, y debemos tener cuidado con lo que decimos y tratar de no dañar a nadie, ¿me entiendes?
-Me acordé de algo muy importante Tito, no se si se da en todos los casos, pero parece que cuando estás cerca del final, ocurren cosas o cambios importantes que te anuncian la partida, vos sabes que mi carácter siempre fue un poco bravo.
-Una porquería resumiéndolo en pocas palabras.
-Bueno quizás un poco así, pero cuando estábamos en las islas, un día me puse a observar la entrega de la correspondencia que le llegaba a los soldados, y vi que algunos nunca recibían nada, y miraban con un dejo de tristeza a sus compañeros que disfrutaban de las noticias del continente, entonces hablé con un suboficial que tenía mucha llegada con los soldados, y le pedí que se acercara a los que no recibían correspondencia, con la idea de averiguar un poco de sus familias, para luego escribirles nosotros, inventando cartas familiares, para brindarles un poco de alegría, como si les escribieran desde sus casas. El tipo me miró sorprendido, pero cuando se dio cuenta de que yo hablaba en serio, se entusiasmó y se abocó a la tarea. Pronto éramos varios los que les escribíamos y me sentía muy bien cuando veía la alegría de esos muchachos, recuerdo el caso de un soldado que no sabía leer ni escribir y en su casa tampoco, tuvimos que inventarle un vecino que generosamente escribía lo que los familiares querían transmitirle, y aquí alguien le leía las cartas, no te imaginas la felicidad que irradiaba ese muchacho. Desde ese momento mi vida cambió, comencé a mirar a la gente de otro modo, por eso el día que me hirieron yo iba al frente del pelotón, algo que los oficiales no hacen jamás. En fin, te reitero, cuando algo está por pasar, siempre existe un aviso previo, eso también les ocurrió a la gente con quienes pude intercambiar experiencias, solo hay que saber verlos o interpretarlos. Yo necesito que escribas todo esto.
-Bueno, pero primero me tomaré mi tiempo para pensar.
-Qué tiempo creés necesitar.
-Quizás un día o dos ja ja.
-Bueno me voy, sé que algún día volveremos a encontrarnos, un abrazo amigo.
-Buen viaje Carlos…

TITO M

LA REZADORA

LA REZADORA
Historia con ficción
A las diez de la mañana, apareció la combi que traía a varios ancianos a la plaza, entre ellos a Carlos, quien descendió con alguna dificultad ayudado por su bastón. De inmediato se dirigió hacia el banco en el que yo estaba sentado.
-¿Cómo andás Tagarna?
-Esperándote, milico cagón.
-Tratáme bien o no te cuento la historia que estás esperando.
-Dale, vení sentáte o te quito el bastón.
Luego de alguna charla intrascendente, Carlos comenzó a contar:
-¿Cuántos años tenías cuando fuiste al primer velorio familiar?
-No recuerdo bien, creo que doce o trece, cuando falleció mi bisabuela.
-En esos tiempos, además de la “Rezadora”, también se contrataba a la “Llorona”, era una mujer que a una señal de quién la contrataba, comenzaba a llorar a los gritos y a pronunciar los clásicos comentarios: “tan bueno que era”, “y pensar que ayer estuvimos juntos”, etc. Nunca entendí bien su función, pero era como el director de orquesta, solo que ella dirigía el llanto.
-A lo mejor el muerto había sido un hijo de perra y nadie tenía deseos de llorarlo, quizás la contrataban para evitar algún festejo, pero yo nunca conocí a ninguna.
-Pero a la rezadora seguro que la conociste.
-Si, a esa sí, rezaba en el velorio y luego en los días de la novena, pero no era Doña Clara.
-Escuchá, Clara no era una mujer común, ella era monja.
-Va, dejáte de joder y hablá en serio.
-Te cuento lo que yo sé, ella estaba en un convento en la Provincia de Santa Fe, y un día se dio cuenta de cuanta gente necesitaba ayuda, y que precisamente rezando, no era el modo de llegar a ellos, entonces armó un atado con sus cosas y se marchó. Por esas cosas de la vida vino a parar a Villa Dolores, vivía muy cerca del Hospital, cuando éste funcionaba frente al Cementerio, y desde allí acudía a los hogares que la necesitaban, pero además de rezar, consolaba a los deudos, les hablaba con mucho cuidado, tratando de tocar sus fibras más íntimas, buscando que el razonamiento ayude a que esas personas que sufrían una pérdida, comprendieran que todo formaba parte de la ley de la vida, que es un camino que todos recorreremos, ayudaba a los viudos a razonar y puedo asegurarte que siempre lograba su cometido. Si te esfuerzas un poco, seguramente la recordarás, sus vestidos eran largos, siempre usaba mangas largas y un pañuelo cubría su cabeza.
-Mirá, no sé si la imagino o la recuerdo, pero creo que no la vi nunca ¿vivía sola?
-Una familia le daba alojamiento, a y sabés, tenía un enamorado, locamente enamorado, el “Floripondio”.
-Oh no, pobre mujer, ¿y era linda?
-De cara si, tenía unos ojazos, el resto no se veía por la ropa que utilizaba.
-Pero volviendo al “Floripondio”, que impresionante el perfume que usaba, dos cuadras antes de que llegara ya se lo podía oler.
-El “Floripondio” se le declaró, y ella le dijo que estaba casada con Dios, que era una monja. Recuerdo que el “Floripondio” anduvo como dos semanas con la boca abierta, no lo podía creer, luego Clara se hizo amiga de los hermanos del loco este, en realidad toda la familia aprendió a quererla. Te traigo esto a colación, para que comprendas lo que ocurrió. ¿Te acuerdas del Negro Pizarro?
-Claro, el que fabricaba arcos y flechas y por las noches salía a cazar a los perros callejeros, esas mascotas que la gente dice amar, pero que los deja sueltos en la calle.
-Ese mismo, el Negro estaba enloquecido por la monja.
-¿No me digas que también se enamoró de ella?
-No exactamente, el Negro estaba “alzado”, se la quería voltear, no importaba donde ni cuando, él quería hacerla su mujer, así fue que una noche se tomó unos tragos de más, para darse coraje, y la esperó junto a una obra abandonada, en el lugar más oscuro, mientras seguía dándole al trago. En un momento la vio acercarse y se preparó, cuando Clara llegó a su lado, la tomó de la cintura y la metió dentro de la casa en construcción, allí comenzó a besarla y sus manos recorrieron su cuerpo lascivamente, deteniéndose especialmente en algunos lugares, que no hace falta que te aclare, besaba su boca y apoyaba y refregaba su masculinidad contra el cuerpo de la mujer, mientras ella sentía que su corazón se disparaba, su respiración se hacía agitada, y pensaba que podrían mancillar su cuerpo, pero que su mente y su corazón pertenecían a su Dios. El Negro estaba entusiasmado, no había encontrado resistencia, y mientras mantenía una mano jugueteando entre las piernas de Clara, comenzó a desprender los botones de la blusa de la mujer, entonces fue que sintió un fuerte olor a transpiración, bajó la cabeza para olerse sus axilas pero no era él, entonces se dio cuenta de la cantidad de ropa que llevaba esta mujer, quién seguramente había pasado el día trabajando, sacó la mano que mantenía jugando entre las piernas, y casi se descompone por el olor. Su deseo desapareció como por arte de magia, dio un paso atrás y le dijo, mañana te espero en este lugar, pero te quiero, bañada, perfumada y sin tanta ropa.
-¿Por qué me haces esto?, yo soy esposa de Dios y sus ángeles guerreros te castigarán, te buscarán por donde vayas, no tendrás un lugar para esconderte.
-El Negro se fue rápidamente, pero las palabras de la mujer quedaron retumbando en sus oídos.
Clara jadeaba violentamente, introdujo una mano entre sus ropas y la apretó fuertemente con sus piernas. Su respiración se hizo incontrolable, sintió que se mareaba, se hiperventilaba, y de pronto, de sus entrañas surgió un grito poderoso, más bien un alarido. El negro que ya estaba a más de una cuadra de distancia, la escuchó, y un escalofrío corrió por su cuerpo, tuvo miedo y comenzó a correr. No paró hasta llegar al Bar “El Vómito”, en donde pidió una botella de vino que apuró en silencio. Salió a la puerta como para irse, pero tuvo miedo y volvió a entrar, como tenía poca plata pidió un tetra y lo abrió con los dientes.
-¿Cómo un Tetra?, en esa época no existían, me estas cargando.
-Ja ja, quería saber si estabas atento.
-Dale Guacho, seguí contando.
Al día siguiente, la mujer pasó por el mismo lugar pero no había nadie. El Negro se había acobardado. La Rezadora se sentía culpable, sentía que había pecado, sentimientos contradictorios la desconcertaban y la desorientaban.
-Clara, comentó lo que le había ocurrido a la familia del “Floripondio”, al día siguiente. La indignación de todos fue la esperada, había que escarmentar a Pizarro. Clara, quién ya había pensado en ello, les mostró un libro que llevaba, y les leyó un artículo que mencionaba y daba las instrucciones para preparar una poción, que producía un efecto similar a la muerte a quién la consumía. Una especie de catalepsia, con una duración de unas treinta horas, el tiempo suficiente para darle un gran susto a Pizarro. Planificaron cuidadosamente los pasos a seguir, tratando de no dejar cabos sueltos, como suele decirse, y cuando lo volvían a revisar, cada vez encontraban mejor las cosas.
-Che, es increíble lo que me cuentas.
-Ja, pero ahora viene lo mejor. El Negro todas las noches cenaba en el Bar “El Vómito”, frente a Plaza Mitre, y luego pedía un té bajativo. Compraron las semillas mencionadas en el libro de Clara, en casa Longo, en calle Italia, hicieron la mezcla y uno de los muchachos se encargó de hablar con un amigo que trabajaba en el bar mencionado. Esa noche el Negro cenó como lo hacía habitualmente, tomó el té especial y se marchó un poco más temprano que de costumbre, llegó a su casa y se acostó para dormir y descansar, se sentía agotado. Cuando su mujer fue a la cama, notó que el Negro no respiraba, llamó a los gritos a sus hijos, uno de ellos corrió a buscar ayuda. Rato después un médico confirmó la noticia, el Negro Pizarro había muerto.
En realidad lo que producía el mejunque que había ingerido, era una ralentización de las funciones vitales, con los elementos de la época, no era fácil, por ejemplo, escuchar los latidos del corazón, la respiración era muy lenta también, por lo que todos creyeron en el deceso de Pizarro.
Como estaba planeado, el servicio de sepelio, fue provisto por Casa Espósito, de la esquina de calle Italia y Felipe Erdman, en donde trabajaba uno de los hermanos del Floripondio.
Todo fue fácil, porque la familia de Pizarro, no estaba dispuesta a gastar demasiado, y lo proyectado era colocarlo en un nicho, y cuando la gente se retirara, quitarle la tapa al ataúd, para que el Negro no se asfixie, y que despierte dentro del cajón en el nicho, seguramente el susto que se pegaría, le cambiaría la vida y se arrepentiría de sus malas acciones. Clara también le hablaría y le diría que Dios le había dado una segunda oportunidad.
Pero viste como son las cosas en ésta vida, el Diablo metió la cola, y al negro no lo pusieron en un nicho, lo sepultaron en el suelo, y apenas se retiraron los asistentes, los empleados del Cementerio lo cubrieron con tierra.
-¡Noo, no puedo creerlo, que tragedia!
-Si es verdad, una verdadera tragedia que le cambió la vida a todos, Clara desapareció esa misma noche y Floripondio y su familia se fue en los días siguientes.
-Pero cometieron un crimen.
-Y si, se comentó en ese tiempo, que habían intervenido los “duendes” de Plaza Sarmiento.
-Quizás eran los ángeles guerreros de Dios.
-Quizás.
-Y vos como te enterás de todos estos detalles, porque imagino, de acuerdo a lo que cuentas que la policía no intervino.
-No, yo me entero varios años después, me contó todos los detalles un hermano del Floripondio, un buen tipo, pero que nunca se repuso, el remordimiento no lo dejaba dormir, soñaba que Pizarro se le aparecía y le reclamaba por su vida. Cuentan que fue varias veces a Plaza Sarmiento, pero los duendes no lo atendieron, eso confirma que no le daban bola a cualquiera.
-¿Y qué fue de este hombre?
-Se ahorcó, seguramente alguna vez escuchaste la noticia, vivía en el Sarmiento.
-Bueno Carlos, allí te vienen a buscar.
-Será hasta la próxima historia entonces.
-Hasta la próxima historia.

TITO MUÑOZ

SEÑORA DE LAS PLANTAS

Seguramente muchos la recuerdan.

Como lo hago frecuentemente durante mis visitas a Villa Dolores, decidí caminar un rato por Plaza Sarmiento. Me calcé las zapatillas, tomé el contenido de una botella de Stella Artois, (por eso de la deshidratación ¿viste?), y me fui a la Plaza.
Finalizaba la primera vuelta, cuando tuve que buscar un lugar para sentarme, las zapatillas se habían cansado y necesitaban reponer energías. En un banco con sombra había un hombre apoyado en un bastón, con la mirada fija al frente. Me senté a su lado y no se movió. Pensé que podría ser una figura de cera, y estaba por averiguarlo quemándolo con un cigarrillo, cuando giró su cabeza, me miró fijamente y me dijo:
-¿Vos sos el Tito?
Sorprendido, no lo reconocí, asentí con un movimiento de cabeza.
-Hace muchos años que no nos vemos- dijo a continuación.
Mi cabeza trabajaba a full, tratando de recordar a quien pertenecían sus facciones. Estaba muy deteriorado.
-Ya veo que no te acordás de mí, fui tu instructor en el Servicio Militar.
-Si ahora me acuerdo de vos, sos Carlos, fuimos compañeros en la escuela primaria. Si habremos jugado a la pelota en la canchita, aquí a la vuelta. ¿Pero qué hacés con ese bastón, trajiste a pasear a tu abuelita?
-No seas tarado, estoy bastante mal, sin el bastón no llego a la esquina.
-Vos eras un tipo con mucha preparación física, recuerdo que fuiste paracaidista, buzo táctico etc., creo que ya eras capitán cuando hice la colimba, que te pasó.
-En Malvinas, me metieron tres tiros por la espalda. Pero no fueron los ingleses, las balas vinieron de nuestras propias trincheras.
-A la pucha, y sabés como fue eso, aunque ya me imagino, alguien que aprovechó la oportunidad, vos eras bastante guacho, yo te hubiera metido todo el cargador.
-No, ni me interesa, a mí me recogieron los ingleses y me trataron durante más de tres años, ellos me salvaron la vida. Me llevaron en avión a Inglaterra y allá me hicieron varias operaciones.
-Vos estás agradecido de los ingleses entonces.
-Mirá, cuando pude regresar, mi mujer ya tenía dos chicos con otro marido, el ejército me quiso otorgar un ascenso y el gobierno me lo negó, vivo solo como un pordiosero, no tengo mucho para agradecer.
En ese momento llegó un hombre tirando de un carrito, ofreciendo queso de cabra y arrope de miel, de tunas, de higo, de chañar y miel pura de abejas, salame y algunos otros fiambres diciendo que eran de la colonia (seguramente de la colonia Holandesa, de las Tapias). No le compramos, pero al verlo tirar de su carrito, sufrí una extraña experiencia, una especie de Deja Vu, y se lo comenté a Carlos.
-Me acaba de ocurrir algo muy extraño, ¿te acordás cuando me contabas que cuando estabas en el Colegio Militar de la Nación y te enseñaron a saludar con el sable, a vos te pareció que ya habías vivido ese momento?, bueno me acaba de ocurrir algo similar. ¿Pero no te molesta que hable tanto?
-No, dale contáme, yo no puedo hablar demasiado, me fatigo mucho.
-No sé si te acordás, pero cuando yo era un niño, venía a la siesta a leer revistas o algún libro de cuentos a la plaza.
-Si claro que me acuerdo.
-Algunos días, yo veía pasar a una señora, tirando de un carrito como el de este hombre, vendiendo plantas y flores.
-Si la conocí, doña Alcira, vivía cerca de mi casa.
-Yo la reconocía cuando venía, porque escuchaba sus pasos, caminaba arrastrando los pies, inclinada hacia adelante tirando de su carrito. Yo la miraba disimuladamente, y seguramente ella también, y un día me comenzó a saludar:
-“Hola pichón, siempre leyendo vos”
-Adiós señora- era mi respuesta, no me gustaba que me dijera pichón. Esto ocurrió durante mucho tiempo, cierro los ojos y me parece verla venir con su paso cansado, su blanca cabeza protegida con un pañuelo de desteñidos colores, tirando de su carrito con ruedas de bicicleta, cargado de pequeños tarritos con plantas que ofrecía con voz queda. Me parece escuchar el compás de sus pasos cansados, arrastrando sus zapatos por las calles de la ciudad. Pero siempre me llamó la atención la limpieza de su ropa, gastada, remendada pero siempre limpita.
Con el tiempo, yo no volví a la Plaza a leer, pero esta mujer, había impactado de tal modo en mí, que cuando hacía frio y la recordaba, o cuando llovía o corrían fuertes vientos, pensaba que a lo mejor ese día, en el cual no podía ejercer su comercio, no tendría dinero para comprar su comida. No supe más de ella, si tenía familia, donde vivía, ni siquiera su nombre, hoy vos me dijiste que se llamaba Alcira, pero tengo mis dudas, me parece recordar que su nombre era Clara, ¿Qué fue de ella?
-No Clara era la rezadora, esa si que es una historia, pero volvamos a Alcira.
-Esa pobre mujer tuvo una vida muy triste, madre de cuatro hijos, llevaba una vida de ama de casa, eran pobres pero tenían lo imprescindible para vivir, los hijos estudiaron, y cuando los dos mayores terminaron el secundario, el padre un día los llevó a trabajar con él y nunca más volvieron. Ella quedó sola con dos hijas, que tendrían dieciocho y veinte años a lo mejor, no recuerdo bien, pero no tenían de que vivir. La hija menor se fue con un novio y la otra pronto la siguió. Alcira quedó solita en esa casa. Los vecinos la ayudaban dándole un plato de comida todos los días, y ella retribuía realizando tareas de limpieza, lavado y planchado de ropa, cuidado de niños etc., pero su desgracia no terminó allí, un día la desalojaron porque no podía pagar el alquiler, le sacaron sus pocas pertenencias a la vereda, y se fue a vivir a un terrenito cerca de las vías del ferrocarril. Allí los vecinos, entre todos, le construyeron una piecita, precaria pero muy firme, cavaron un pozo que le sirvió de letrina, con una manguera y una canilla, un vecino le dio agua y unieron varios cables para llevarle electricidad. Ella lo único que tenía era una radio que permanecía siempre encendida, no se podía apagar, y una sola lámpara en medio de la habitación. De su antigua casa solo pudo rescatar la cama, una mesa pequeña, dos sillas y algunas perchas que colgaba de un alambre con su ropa.
Entonces fue que comenzó a cultivar plantas, pedía gajitos que luego plantaba y cuidaba, y con ellos logró tener una importante variedad que luego vendía. A pocos metros pasaba una acequia de riego, y en sus orillas plantó varias especies que le dieron las flores que vendía.
Un día la encontraron sin vida sobre su cama, nadie supo de qué murió ni cuando, pero recuerdo que pasaron casa por casa recolectando dinero para pagarle el sepelio, de sus hijos no se supo nada más, ninguno estuvo en su entierro.
-Vos sabés que te escucho y es como si una parte de mi vida, que había quedado pendiente de pronto se aclarara, ahora me doy cuenta que aprendí a querer a esa sacrificada mujer.
En eso llegó un vehículo, bajaron una silla de ruedas y se lo llevaron a Carlos, pero antes de que cerraran la puerta me gritó:
-Che Tito, si mañana andás a la misma hora, te cuento la historia de la rezadora.
-Dale, mañana vengo.
Me quedé un poco triste, no imaginé ese final para la Señora de las Plantas. Comencé a caminar hacia mi casa, y traté de imaginar con que historia me saldría mañana Carlos, pero un día pasa rápido, mañana se los cuento.

TITO MUÑOZ

VILLA DOLORES TIENE MAGIA

MARTINA…SE FUE EN NAVIDAD
DRAMA
A veces la “causalidad”, me lleva a escribir historias o mejor dicho a completar algunas que escribí hace algunos años y nunca publiqué.
Hace algunos días, salía del Centro Médico de Villa Dolores, y me dirigía hacia un negocio ubicado en la esquina, a comprar alguna bebida. El calor era intenso. Cuando un señor me alcanzó y me preguntó:
-¿Usted escribe cuentos y luego los sube a Internet?
-Bueno, sí- respondí sorprendido- ¿Usted los lee?
-Si y me gustan mucho, especialmente el modo en que escribe, cuando los leo me parece estar conversando con algún amigo, el lenguaje que emplea es el que utilizamos todos.
-Es verdad, podría utilizar mas metáforas e incluso expresarme de otro modo, pero prefiero hacerlo así, creo que facilito el trabajo del lector.
-Yo estuve internado en El Liqueño- me dijo de pronto.
La verdad es que me tomó de sorpresa su confesión, me detuve en medio de la vereda mirándolo como atontado, y le dije:
-¿Acepta que lo invite con una cerveza?, allí, enfrente, en la Estación de Servicio.
-Bueno, encantado, la verdad es que me vendrá muy bien, hace mucho calor.
Cruzamos calle Sarmiento, e ingresamos al fresco local. Me sentía muy entusiasmado, el Convento Padre Liqueño y sus historias, siempre me intrigaron, sobre todo luego de la tragedia del año 1986, y si este hombre se había manifestado como ex interno del mismo, seguramente quiere contarme alguna historia para que la publique.
Compartimos dos horas de charla y tres cervezas. Mi compromiso: cambiar los nombres de los protagonistas y enviárselo para su aprobación. Pero vamos a los hechos.

Todo comenzó, cuando Doña Irma, como se la conocía en el barrio, concurrió al consultorio del dentista con una molestia en una muela. El Profesional, luego de trabajar en su boca, le preguntó si no conocía a alguien que le hiciera la limpieza en la casa, el vivía en Córdoba, y viajaba todas las semanas para atender su consultorio en Villa Dolores. La señora, entusiasmada, le contó que tenía una hija de trece años, que era una niña muy laboriosa y que a lo mejor le podría servir. El hombre le pidió que se la envíe al día siguiente para conocerla y ver como trabaja, agregando, que si le gustaba le pagaría muy bien por sus servicios.
La señora regresó muy entusiasmada a su casa, comentó el caso con su esposo, quien estuvo de acuerdo, necesitaban otro ingreso de dinero en la casa, luego llamaron a Marta (su nombre se fue modificando a través del tiempo), quién se puso muy contenta y prometió hacer las cosas del mejor modo posible.
Al día siguiente, muy temprano estuvo Marta en el consultorio del Dentista. Grande fue su sorpresa cuando el mismo le alcanzó los elementos de limpieza, la casa tenía pisos de mosaicos y ella nunca había utilizado un baño instalado, en su casa solo había un agujero en el suelo, protegido de miradas indiscretas por tres paredes de chapa, y una bolsa que hacia las veces de puerta.
Miraba desorientada para todos lados, no sabía por donde comenzar. Facundo se dio cuenta de cual era el problema y le habló con paciencia:
-No te preocupes Martita, seguramente tu casa no es como ésta y no sabes por donde comenzar. Escúchame que yo te voy a explicar.
Pacientemente, el hombre le fue enseñando, y quedó sorprendido de la inteligencia de la niña, quien aprendía con inusual rapidez. También notó que usaba la misma ropa todos los días, por lo que tomó la decisión:
-Martina- le dijo- voy a llamar a una señora amiga que vende ropa a domicilio, y te voy a comprar algunas cosas.
Marta aceptó entusiasmada, cada día que pasaba se sentía mas contenta y feliz de haber encontrado ese trabajo.
Al día siguiente, llegó la persona que vendía ropa. Facundo fue eligiendo algunas prendas y la niña se fue probando. Allí fue cuando se dio cuenta de que Marta era muy linda y muy desarrollada para su edad. Cuando la señora se fue, le pidió que se probara algunas prendas, y al mirar su bello cuerpo de mujer, sus instintos se dispararon. Se acercó a la niña y comenzó a acariciarla, a quitarle la ropa, y ésta no reaccionó, no comprendía bien lo que ocurría pero le gustaba. El Dentista le hizo muchas promesas y la convirtió en su mujer.
El tiempo pasó, hasta que un día Facundo se dio cuenta de que el cuerpo de Martina se había modificado, estaba más gordita y le había crecido el abdomen. Su preocupación fue grande, le pidió a la niña una muestra de orina y la llevó a analizar, comprobando que estaba embarazada. No le contó el resultado, solo le dijo que todo estaba bien, pero su comportamiento cambió notablemente, hasta que una mañana, cuando Marta llegó a la casa a trabajar, ésta estaba cerrada. Espero algunas horas en la puerta, hasta que una vecina le contó que la noche anterior el Dentista se había mudado, que vino un camión y se llevó todas las cosas. No podía creer lo que escuchaba, y no sabía que hacer, pensó que seguramente Facundo se comunicaría con ella, pero pasaron los días y no tuvo mas noticias. A todo esto, la madre se dio cuenta de que el cuerpo de Marta se había modificado, y luego de algunas preguntas, comprendió que estaba embarazada. La llevó al Hospital en donde le confirmaron la noticia, regresaron a la casa y cuando llegó su marido le contó lo que ocurría. La reacción del padre de Marta fue muy violenta, les propinó una tremenda paliza a las dos mujeres, culpando a la madre por lo ocurrido, tomó un cuchillo y salió de la casa para buscar a Facundo. Por supuesto de que no lo encontró, nadie conocía el destino de la mudanza, aunque algunos mencionaron de que posiblemente se mudara a Buenos Aires, en donde tenia parientes en una ciudad en donde podría trabajar.
El hombre regresó a la casa, tomó todas las cosas de su hija, las envolvió en una sábana y la echó de la casa. Martina, cubierta de moretones, arrastró el atado con su ropa hasta la casa de su abuela, en donde consiguió un alojamiento precario.
Dos meses después nació Javier, quien se criaría en la casa de su abuela.
El panorama futuro de Martina era bastante oscuro, recién cumplía catorce años y ya tenía un niño. Las palizas que le propinó su padre y las preocupaciones en una niña de su edad, comenzaron a deteriorar su mente. Para algunos muchachos, ella era una mala mujer y la trataban como tal. Así fue que pocos meses después quedó nuevamente embarazada.
Yo conocí a Martina, cuando una de sus paradas era al lado de los baños de la Estación del Ferrocarril, incluso, recuerdo que solía esconderse en una pequeña casilla de ladrillos, donde seguramente alguna vez funcionó un motor para subir al agua, al tanque de hierro que se encontraba al lado de los baños.
No podría contar cual fue el motivo por el cual Martina se convirtió en una especie de prostituta, ofrecía sus servicios por un alfajor o un paquete de cigarrillos. Contaban que fue varias veces violada por pandillas de muchachones, golpeada y robada. Creo que sufrió todas las humillaciones imaginables. Con el tiempo también fueron llegando más hijos, hasta que un médico en el Hospital se apiadó de ella, y cuando la atendió en el quinto parto, le hizo una operación para que no volviera a quedar embarazada. Posiblemente una ligadura de trompas.
Javier, el único a quien Martina reconocía como hijo, muchas veces seguía a su madre de lejos, con el ánimo de protegerla de posibles ataques de vándalos. Así fue que una noche, en que él caminaba con un caño de plomo en su mano, un grupo de chicos un poco mayores que él, atacaron a su madre burlándose de ella, la tomaron del cabello y la tiraron al suelo, momento en que sufrieron el ataque de Javier, que con una furia inusitada para su edad, repartía golpes e insultos a los agresores de su madre. Pronto quedaron cuatro muchachitos tirados en el suelo, mientras el resto trataba de ponerse a salvo de la furia de Javier.
Mas tarde la policía, actuando con mucho cuidado por tratarse de un menor, llegó hasta la casa de los padres de Martina, le contaron al padre lo que Javier había hecho, y le pidieron que los acompañara con el niño hasta el edificio Policial.
No era la primera vez que Javier agredía a alguien, que a su criterio a veces y por observación directa otras, ofendían a su madre, había intervenido en esas ocasiones lesionando a algunas personas.
Alguien sugirió la conveniencia de su internación en un convento que se encontraba en plena Pampa de Achala, a más de dos mil cien metros de altura, el cual estaba administrado por la Orden de los Franciscanos, y tenía la merecida fama de recibir a niños de conducta complicada y sin recursos. El comisario, quién confesó ser amigo del padre Giménez, administrador del colegio, se ofreció para tratar de lograr que lo acepten en ese lugar.
En los primeros meses del año 1986, Javier fue llevado hasta el colegio y dejado en él. Los niños se acercaban riendo y jugando a conocer al nuevo compañero. Javier ya había sido asesorado de cómo debía ser su comportamiento para no pasarla demasiado mal. Pero los niños son niños, y las picardías siempre están a la orden del día. Me cuenta Javier que le escupían el mate a las maestras, cuando ellas los mandaban a cebar, que se escapaban y le robaban caramelos, cigarrillos, y algo para comer, al almacén que había al lado del convento, que tenían una chozita junto al edificio, en donde se escondían a fumar y tramar echurías, pero lo mas grande que hicieron, fue cuando le sacaron las tapitas de corcho a las botellas de salsa, las pintaron con cal y las mezclaron con las hostias el domingo que fueron visitados por los estudiantes de Córdoba. Recordaba con una sonrisa la jarana que produjo ver a los estudiantes escupir las obleas, y la cara del cura, primero de asombro y luego de furia. Los tuvieron arrodillados sobre maíz durante largas horas, hasta que llegó el momento de ir a la cama sin comer. Los castigos eran duros, sobre todo para niños de su edad, que se encontraban lejos de su familia y con una comprensión diferente de las cosas. Ninguno era malo e inmanejable porque si, siempre existió un motivo.
La tarde del martes 23 de setiembre de 1986, el miró a los cinco chicos desaparecer entre las piedras de la montaña, caía la tarde, estaba frío y parecía que iba a llover. Horas después regresó Carlos, quien contó que los otros cuatro habían continuado la caminata, pero que a él el frio y la lluvia lo vencieron.
A la mañana, cuando se levantaron, se sorprendieron al ver el paisaje cubierto de nieve. Esa noche había caído una de las más grandes nevadas tardías de los últimos años, y había sorprendido a los niños fugitivos en la oscuridad de las sierras, sin ropa ni calzado adecuado. Su vestimenta era apta para el verano. Algunas veces, desde la ciudad vienen vehículos y mucha gente que les regala ropa, calzado y algunas veces también juguetes, pero cuando ellas se iban, las maestras les quitaban todo y se lo llevaban. Luego Javier me contó:” recuerdo una noche, en que uno de los niños se levantó de la cama, y en el oscuro salió al pasillo para dirigirse al baño, cuando regresó contó que el cura había entrado en el dormitorio de una de las maestras, seguramente para confesarla sin que nosotros la viéramos”, los mas grandes nos reímos a carcajadas, era bastante pícaro el “padrecito”.
Cerca del mediodía, comenzaron a llegar vehículos de la policía y otros más que no recordaba, pero mucha gente salía a caminar las sierras en la búsqueda de los cuatro niños. Los encontraron seis días después, en un lugar alto, seguramente para protegerse de los animales que en su imaginación los acechaban, abrazados, tratando de infundirse calor, congelados y con su escaso abrigo a la vista.
Ya nada fue igual en el Liqueño, el trato fue mas suave, se fueron algunas personas y llegaron otras, muy seguido los visitaba gente de la ciudad que les hacía preguntas sobre el trato recibido, tenían mejores ropas y zapatillas, pero nunca se pudieron olvidar de: Oliva, de 9 años, de Villa de las Rosas, Peralta de 11 de Villa Dolores, Rodríguez de 11 de Santa Rosa del Conlara y Gil de 9 años, de San Pedro (los niños de hielo).
Cuando Javier regresa a Villa Dolores, ya no encuentra a su madre, o quizás, según sus palabras tampoco salió a buscarla.
Yo recuerdo, que una noche en que Martina se había pintado exageradamente la cara, lucía sus ropas más vistosas, y cargaba su cartera, se sentó a orillas de la fuente de la Plazoleta del Ferrocarril, como todos la llamábamos. Fumó un cigarrillo tras otro, pero los clientes no llegaban. Pronto se dio cuenta de que ésta era una noche diferente, que los clientes no vendrían. De pronto el cielo comenzó a iluminarse de bellas luces de colores, y ella levantó los brazos y comenzó a correr por el centro de la calle, gritaba y saltaba disfrutando de una inusitada alegría, hasta que llegó a la Plaza Sarmiento, ya muy cansada, se sentó en la escalinata del Rosedal de calle Jesús Vidal, y nunca mas se supo de ella. Cuentan que el duende de ese Rosedal, la llevó a Oliva y la dejó internada en ese edificio tan especial que alberga a los que perdieron la razón, que Martina se levantaba todas las mañanas y bailaba recorriendo los jardines del Nosocomio, sintiéndose un Ada o una mariposa, hasta que una mañana ya no despertó.

TITO MUÑOZ

VILLA DOLORES TIENE MAGIA

Considero necesario aclarar, que las narraciones que se publicarán bajo éste título, pretenden reflejar el contenido de las leyendas que identifican a Villa Dolores como una ciudad con magia. Contienen nombres reales de personajes que viven o vivieron en nuestra ciudad, y no existe intención de ofender o molestar a familiares o personas que se sientan involucrados, solo intento evitar que estas historias se pierdan en el tiempo, y tratar de inmortalizar a sus protagonistas.

Plaza Sarmiento

Cuenta una leyenda, que los grandes troncos, de los cuatro Palo Borracho, los árboles que rodean al busto de Domingo Faustino Sarmiento, en realidad, no son simples troncos cubiertos de grandes espinas, esos troncos, cubren la puerta de ingreso a otra dimensión, una dimensión desconocida por la mayoría de los habitantes. En las noches de luna creciente, se encienden los ojos del prócer, y escudriñan el lugar, en busca del próximo cliente para enviar a la zona de misterio.
Recuerdo que cuando leí la leyenda, pasé muchos días y largas horas escondido, mirando hacia los árboles, con la esperanza de contemplar el momento en que alguien fuera “succionado” por alguno de los troncos. Recuerdo una siesta de mucho calor, cuando ya estaba por regresar a mi casa, vi pasar al Negro Beto con un martillo en la mano, y dirigirse al tronco de uno de los árboles, con la clara intención de quitarle alguna de sus grandes espinas. El Negro se acercó decidido, sin vacilaciones y comenzó a elegir la espina a quitar. En un momento el tronco se abrió y el Negro cayó en su interior. Se cerró inmediatamente, y nunca más volví a ver a éste muchacho.
Corrí inmediatamente hasta el árbol, y sin acercarme demasiado giré a su alrededor, no había señales ni rastros de lo que acababa de contemplar.
Corrí hasta el busto de Sarmiento y lo contemplé largamente, pero su cara de piedra permaneció inmutable, pero cuando me retiraba, me pareció ver una sonrisa en su rostro, giré inmediatamente y continué mirándolo por largo tiempo, pero no pude ver nada más.
Debo aclarar, que el Negro Beto no era santo de mi devoción, en una época de mi niñez, jugábamos al futbol en la calle, frente a mi casa, y luego de cada partido el Negro nos pegaba a todos los que pudiera alcanzar. Un día, luego de un partido, el Negro vino a pegarme, intenté escapar, cuando vi a mi padre en la puerta de mi casa mirándome:
-Tenés que defenderte o siempre te pegará- me gritó.
Fueron palabras mágicas, me volví y lo ataqué furiosamente. Le pegué hasta que las manos se me adormecieron. El lloraba desconsolado, y en ese momento me sentí muy triste. Yo poseía un buen físico, pero era muy bueno, no quería pegarle a nadie, no quería pelear, y no sentí satisfacción, solo tristeza. Igual el Negro no volvió a intentar agredirme. La vida de los varones, no siempre fue fácil, había que disputar el lugar que ocupábamos, pero los detalles son para otro cuento.
Pero fue esa noche que jamás olvidaré, el sábado en que María de los Ángeles se casó con mi amigo Pedro. Todos conocían mis sentimientos hacia esa bellísima mujer, y aunque parezca increíble, fui invitado a su casamiento. No voy a relatar los sentimientos encontrados, mi dolor, mi sufrimiento. No presencié la ceremonia porque no podía soportarlo. Fui directamente al lugar en que se realizaba la fiesta y allí esperé la llegada de los novios. Había poca gente, la mayoría estaba en la iglesia, así que aproveché para probar el cóctel de bebidas que con hielo, colmaba un enorme recipiente de vidrio, colocado estratégicamente cerca de la entrada. Me ofrecieron algunos bocaditos, pero no acepté, me di cuenta de que no podía comer nada. Pronto se escucharon las bocinas de los autos, hubo mucho movimiento de gente que salía, otros entraban, y en un momento más, los recién casados ingresaban a la fiesta. Saludaban a los presentes y luego mi amigo Pedro, levantó el velo que cubría la bella cara de María de los Ángeles y le dio un beso en los labios, acompañados por el aplauso de los invitados.
Juré tomar un vaso del cóctel por cada beso que se dieran. Llené un vaso y lo bebí sin respirar.
Me senté junto a otros invitados, en un lugar desde el cual podía mirar a la mujer de mis sueños, y cada vez que se besaban yo vaciaba un vaso de la dulce bebida.
Llegó el momento del baile, se retiraron algunas mesas, creando el espacio necesario, y los novios iniciaron el baile. Pronto se formó una fila de candidatos para bailar con la novia. Yo apuré otro vaso de cóctel y empujando, me ubiqué en un lugar privilegiado detrás de los padres. Cuando llegó mi turno las piernas me temblaban. Tomé la mano de Mariangeles, como yo la llamaba, quise pegarla a mi cuerpo, pero el codo de su brazo izquierdo me lo impidió. Comenzamos a bailar, y yo sentía que mi corazón estaba a punto de estallar. Había preparado, ensayado y memorizado lo que iba a decirle, pero no lo recordaba, quería declararle mi amor, decirle que ella era la mujer de mis sueños, de mis ilusiones. Nos mirábamos a los ojos, mientras ella se dejaba llevar. Respiré profundamente y pensé, “lo que la mente no me provee, seguramente lo hará mi corazón”, de pronto recordé las palabras de un amigo correntino cuando se declaró a su esposa, y mirando a sus los ojos le dije:
-“Guaina, yo te quiero y que mierda…..mi corazón se caga a golpes dentro de mi pecho por Usted carajo”.
Ella abrió desmesuradamente los ojos, y soltó una dolorosa, tremenda e insensible carcajada. Me separé, di media vuelta y me retiré de la fiesta apresuradamente, no quería que me vieran llorar. Caminé hasta la Plaza Sarmiento y me senté en el tronco del legendario Ombú a llorar mi dolor.
Fue entonces que el tronco del árbol se abrió y apareció una hermosa, bellísima muchacha, cubierta por una blanca túnica transparente, que dejaban ver su físico perfecto. No voy a negar que me asusté muchísimo, pero ella se sentó a mi lado, acarició mi cabello y me dijo:
-No sufras por lo que no tiene solución, solo debes desear que tu amada sea feliz.
-Siempre las palabras del que no sufre, parecen contener el remedio o la solución fácil y sensata, pero claro, es muy fácil cuando no se vive o no se está pasando por la misma situación, y lo que más me duele es que se casara con mi amigo Pedro, siempre fue un irresponsable.
-No en éste caso, María de los Ángeles está embarazada y él es el padre del bebé.
Juro que la sorpresa fue tremenda.
-No puedo creerlo, y eso como ocurrió.
-Te explico, a veces un hombre y una mujer se encuentran en algún lugar adecuado, se acarician, se besan…
-No, ya se como se hacen los bebés, lo que no entiendo es como no me di cuenta.
-Todavía no se le nota, pero en unos meses ya podrás ver su pancita creciendo.
-¿Y tú quien eres, de donde saliste?
-Yo soy “Cristal”, y vengo de otra dimensión a buscarte, aquí sufres mucho, y salí del tronco del Ombú, esta es la puerta de salida.
-¿Y la puerta de entrada es por el Palo Borracho?
-Correcto.
-No comprendo.
En ese momento pasaba el “Rompe Cadenas” y ella lo saludó efusivamente.
-¿Lo conoces?
-El es de los nuestros, hace el trabajo pesado, fue dotado de buen físico para que pueda realizarlo, hay algunos que no quieren entrar y debemos traerlos a la fuerza.
-¿Y hay mas de Ustedes por aquí?
-Si, ahora te muestro algunos- y me tomó del brazo y comenzamos a elevarnos. De pronto estaba volando sobre la ciudad y no sentía miedo, la mano de “Cristal” me brindaba una seguridad que hacía tiempo no sentía.
-¿Ves a ese que corre por allí?
-Si, es “Antonito, el de las Jarillas”
-Correcto, el vende jarilla y algún otro mejunque que alivia algunos males.
-¿Y a ese lo conocés?
-Santo Domingo, quién no lo conoce.
-El recorre las calles, divierte a la gente y nos trae información de la Policía.
-¿No puedo creerlo, y hay algún otro?
-Si claro, mira a ese.
-Timoteo Bustos, claro, como no voy a conocerlo.
-El posee una armónica mágica, con eso que parece una escupidera, es una caja de resonancia, interpreta canciones que ayudan y llegan al corazón de las personas que sufren. Pero volvamos que se hace tarde, está amaneciendo y pronto llegarán los obreros que trabajan en la plaza.
Regresamos al Ombú, y miré los ojos de “Cristal”, sentí que su mirada tocaba mi corazón herido.
-¿La leyenda de los Rosedales de esta plaza, también son ciertos?
-Si por supuesto, pero ven, acerquémonos hacia un Palo Borracho, debemos irnos.
En ese momento tocan mi hombro, y escucho la voz de un hombre:
-Joven despierte, debe alejarse de aquí, tenemos que regar las plantas.
Era uno de los placeros. Me levanté de un salto y mire hacia todos lados, “Cristal” ya no estaba, giré alrededor del ombú y no había rastros de ella, corrí hacia los Palo Borrachos y nada, me paré frente a Sarmiento y nuevamente creí ver una sonrisa en su rostro. Todo estaba normal, ¿había soñado?, no lo creo, todo fue muy real, y bueno, seguramente me acostumbraré a vivir en éste lugar tan lleno de leyendas, porque… VILLA DOLORES TIENE MAGIA.